En la noche del 28 de octubre de 2025, Fundación Zafiro reunió a madres, hermanas y profesionales de la salud en un conversatorio que puso en el centro la importancia del autocuidado y la salud emocional de quienes dedican su vida a cuidar a otros.
Introducción
En un ambiente cálido y lleno de empatía, el auditorio del Centro Cultural de España en Tegucigalpa se convirtió en el escenario del conversatorio “Cuidándome para Cuidar”, una iniciativa de Fundación Zafiro destinada a visibilizar el valor del cuidado y la necesidad urgente de atender el bienestar de quienes lo ejercen.
El encuentro formó parte de la campaña de sensibilización permanente de la Fundación, orientada a promover el bienestar emocional, la inclusión familiar y la resiliencia comunitaria en torno al autismo. La conducción estuvo a cargo de Marcela Jansen, secretaria de la Junta Directiva de Fundación Zafiro, quien guio la conversación con calidez y sensibilidad humana.
El valor del cuidado y del amor propio
En la apertura, el presidente de Fundación Zafiro, Jorge Heriberto Martínez Sánchez, subrayó una verdad que resonó con fuerza entre los asistentes:

“El cuidador suele ser el más descuidado de todos.”
Con tono cercano y reflexivo, invitó a las familias a revalorizar su propia salud emocional:
“El ser más importante después de Dios es uno mismo. Pedir ayuda es un acto de sabiduría, no de cobardía. El primer acto de amor es cuidarnos a nosotros para poder cuidar mejor a los demás.”
Martínez anunció, además, la expansión de los programas de la Fundación en 2026, que incluirán diagnóstico de autismo, terapias, servicios de fonoaudiología y apoyo psicológico familiar, reafirmando su compromiso con la atención integral a las familias hondureñas.
Historias que inspiran: la fuerza detrás del cuidado
El corazón emocional de la jornada lo aportaron Ana Lourdes Ardón, presidenta de FUNTEAH, y Alejandra Victoria Martínez Villalvir, hermana cuidadora, quienes ofrecieron dos visiones complementarias del acto de cuidar.

Ana Lourdes compartió su experiencia como madre de un joven adulto con autismo, describiendo el camino que muchas familias enfrentan tras el diagnóstico:
“El duelo es permanente. Cada etapa trae nuevos retos. Pero llega un momento en que uno entiende que, para cuidar bien, hay que estar bien.”
Habló del síndrome del cuidador agotado, del impacto en la salud emocional y del riesgo de descuidar la propia vida mientras se entrega todo por el bienestar del hijo. Su testimonio concluyó con un llamado a construir redes de apoyo y descanso emocional:
“Nadie puede cuidar solo. Es necesario encontrar espacios de respiro, compartir la carga, dejarse ayudar.”
Por su parte, Alejandra —a sus 23 años— narró su historia de como siendo una hermana aprendió a ser cuidadora desde niña, al acompañar a su hermano Diego en su proceso de desarrollo:
“Hace 16 años me convertí en mamá sin tener un hijo. Aprendí a cuidar, a enseñar, a defender, y también a entender que soy la hermana, no la mamá.”
Su relato, lleno de ternura y madurez, recordó que el cuidado es también una escuela de amor y empatía, donde las familias aprenden a reinventarse para sostenerse mutuamente.
Consejos de las expertas: cuidar la mente para cuidar la vida
La segunda parte del conversatorio contó con la participación de las doctoras Mila Fuentes Albero, psiquiatra infantil especialista en trastornos del espectro autista, y Clara Marina Molina Maya, geriatra y docente universitaria, quienes abordaron el núcleo central del encuentro: el autocuidado emocional de los cuidadores.

Ambas profesionales coincidieron en que el acto de cuidar implica una carga psicológica y física acumulativa, que si no se gestiona adecuadamente puede derivar en estrés crónico, ansiedad, depresión y problemas psicosomáticos.
“El cuerpo y la mente hablan —explicó la Dra. Fuentes—. Si no escuchamos sus señales, el cansancio se convierte en enfermedad. Cuidar no debe significar enfermarse; cuidar debe ser también un ejercicio de equilibrio.”
Entre las recomendaciones prácticas que compartieron las especialistas destacaron:
- Aceptar la vulnerabilidad sin culpa.
Reconocer el cansancio, el enojo o la tristeza no es debilidad, es humanidad. “El cuidador que se permite sentir, puede sanar y acompañar con más empatía”, dijo la Dra. Molina. - Aprender a pedir ayuda.
“Ningún ser humano puede sostener solo una carga emocional de largo plazo”, enfatizó la Dra. Fuentes. Buscar apoyo profesional, grupos de padres o amigos de confianza no es rendirse, es fortalecerse. - Restablecer rutinas personales.
Dormir bien, alimentarse adecuadamente y reservar tiempo para actividades personales no son lujos, sino necesidades médicas para mantener la salud mental y física. - Practicar pausas conscientes.
Las doctoras sugirieron técnicas simples de autocuidado diario: respiraciones profundas, caminatas breves, pausas de silencio y momentos de gratitud.
“Cinco minutos al día de respiración y consciencia pueden hacer más por la salud del cuidador que cualquier medicamento”, comentó la Dra. Molina. - Evitar el aislamiento.
El aislamiento social es uno de los mayores riesgos para las personas cuidadoras. Las expertas invitaron a las familias a mantener redes de comunicación y espacios de conversación, aunque sean virtuales, para prevenir la sensación de soledad. - Buscar ayuda profesional antes del colapso.
“No esperen al límite”, advirtió la Dra. Fuentes. “Un terapeuta no es solo para las crisis, sino también para aprender a sostenerse en el día a día.”
Preguntas del público: diálogo abierto y honesto
Durante el espacio de preguntas y respuestas, la audiencia —compuesta en su mayoría por madres y hermanas cuidadoras— planteó inquietudes sobre cómo equilibrar el autocuidado con las responsabilidades diarias.
Una de las asistentes preguntó:
“¿Cómo cuidar de mí misma sin sentir culpa por dejar de cuidar a mi hijo aunque sea unos minutos?”
La Dra. Molina respondió con una frase que generó aplausos:
“Cuidarte no es abandonar, es garantizar que tu hijo tenga una mamá viva, sana y emocionalmente presente.”
Otra participante consultó cómo manejar la frustración ante la falta de comprensión de familiares o instituciones.
La Dra. Fuentes recomendó desarrollar lo que llamó “una red emocional mínima vital”:
“Aunque sea una sola persona —una amiga, una vecina, un grupo en redes—, mantén un espacio donde puedas hablar sin miedo. El silencio es enemigo del bienestar.”
También se abordó el papel de los padres en el proceso de acompañamiento. Varias madres expresaron sentirse solas en la crianza.
“La corresponsabilidad es esencial”, enfatizó la Dra. Molina. “El cuidado no tiene género. Padres, abuelos, tíos, hermanos: todos debemos aprender a acompañar.”
Conclusiones: el autocuidado como acto de amor
El conversatorio culminó con un mensaje compartido por los ponentes: cuidarse no es egoísmo, es un acto de amor consciente y responsable.
Los testimonios, las reflexiones y los consejos dejaron claro que detrás de cada persona con discapacidad hay también un universo de emociones, sacrificios y aprendizajes que merecen ser reconocidos y acompañados.
“Para cuidar a otros, primero hay que aprender a cuidarse a uno mismo.”
— mensaje final compartido por Fundación Zafiro.
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